He conocido muchas personas, incluso yo mismo, que nos hemos visto enfrentados a situaciones a veces complejas, que nos invitan a desistir de seguir trabajando en pos de metas que lucen inalcanzables. Cómo convertir objetivos imposibles en metas alcanzables, es de por sí complejo. Se asume que es imposible, y por lo mismo y tanto, improbable de realizarlos. No obstante, de cuando en vez suceden cosas que hacen que lo que ves imposible, quede al alcance de tu mano. Recuerdo aquella experiencia que me hizo reflexionar y saltar ese muro que consideraba imposible de superar. Una experiencia maravillosa que te quiero compartir. Esta es mi historia.

Cómo convertir objetivos imposibles, en metas alcanzables

Los objetivos se vuelven imposibles por la forma en que los vemos. En este post te explico cómo transformar los objetivos imposibles en metas alcanzables

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Tuve la oportunidad de entrevistar a uno de los pocos seres humanos que han escalado los picos más altos de la tierra. He ejercido la profesión del periodismo ya por 4 décadas y a esas alturas, había entrado en una etapa de “pérdida de fascinación”. Había visto y escuchado de todo. En mi profesión me caractericé por estar “donde está la noticia”, exponiendo incluso mi vida, con tal de cubrir los momentos noticiosos del momento.

Mi carácter aguerrido y temerario, me permitió viajar por todo el mundo, haciendo lo que más me apasiona. Soy un reportero de overol. Sin embargo, y no sé si sean los años, llegó un momento en mi vida, en que nada me impresionaba, comencé poco a poco a percatarme que estaba perdiendo el gusto, el amor, la pasión por mi oficio, que llegué hasta asustarme.

Mi matrimonio se estaba deteriorando, parecía estar casado con mi trabajo, más que con mi esposa, que había manejado con dulzura y paciencia, mis largas y continuas ausencias laborales. Y ahora ese doble matrimonio, se iba por la borda.

Necesitaba hacer un cambio, pero me parecía imposible. Cuando van entrando años en la vida, se va tomando cierta perspectiva, cierta distancia de la existencia, que en mi caso, no vi en mis años más mozos. Mi esposa me acompañó al Everest. Nos ubicamos en un hotel desde donde se ve la majestuosa montaña.

La sorpresa de mi esposa ante el Everest me causó fascinación, y preocupación. Ella estaba maravillada viendo a través de la venta esa majestuosa montaña emerger poderosa y dominante de su entorno ante un cielo que se antoja cerca, y yo estaba ocupado buscando el control del televisor. ¡Qué me está pasando! Allí está el pomposo Everest, que se hace más ostentoso por toda la historia y la publicidad que tiene, y yo buscando un control remoto. Desde la ventana del hotel se ve la montaña vestida de blanco, en medio de ese frío que de forma cómplice, nos invitaba a abrazarnos.

Observaba a mi esposa parada en la ventana, con las manos recostadas en el vidrio y de fondo el Everest, y yo con el control de televisión en la mano, me cuestioné sobre mis prioridades. Fue un breve momento, un haz de luz que sentí dentro. Así que fui y abracé desde atrás por la cintura a mi esposa, un abrazo de esos entrañables que dice todo, donde sobran las palabras, un abrazo que te atrapa de tal modo, que se queda contigo siempre, incluso después de dejar ese abrazo. No dijimos nada, pero sentimos todo.

Ese momento, ese espacio de tiempo tan breve que se detuvo y lo hizo con sabor a eterno, me dio la ocasión de pensar, de sentir, de reflexionar. Estaba apagando mi vida y con ella, la de personas tan importantes para mí, que pagan la osadía de mi descuido con el deterioro de las relaciones que tengo con ellos, ellos que son tan preciados para mí. No más.

En ese momento tomé una decisión. Iba a renovar mi vida, a lanzarme a vivir una vida orientada por otros caminos aún no explorados por mí, a viajar por ese mundo que me ayudase a reorganizar mi relación, mi familia, y de paso a mí. Para ello iba a dar ese salto de confianza, y construir proyectos que había guardado dentro de mí pero que abandoné desde muy joven. Siendo adulto y con todo lo vivido, esos proyectos podía realizarlos, pero curiosamente no lo hacía.

Esa noche, me dirigí a una sala del hotel donde iba a entrevistar a uno de esos hombres que habían escalado los picos más altos del mundo, cosa que luce imposible para cualquier mortal, que parece humanamente imposible, pero que él volvía a hacerlo otra vez, y en esta ocasión nuevamente con el mítico Everest.

Vestido con un abrigo marrón con mucha lana en el cuello y en las mangas, y con guantes gruesos se escondía un hombre delgado, blanco, con un rostro golpeado por el sol y el frío que quema en ambientes fuertes de bajas temperaturas. Tenía una piel rojiza con labios cuarteados.

Le agradecí la deferencia de ese momento, por compartir conmigo sus experiencias, sus reflexiones. Comenzamos la entrevista, y él comenzó a narrar sus peripecias que me resultaban heroicas para haber logrado lo que él y otros más, cuando se arriesgan a tan colosales aventuras.

Objetivos imposibles, metas alcanzables

Su relato era tan pintoresco, y lo hacía con tanta naturalidad, que combinaba con la alfombra rojo oscuro del salón. El mismo color de las cortinas, en un salón muy bien iluminado, con fuentes de luz pegadas al techo, tantas, como gotas de agua. Escucharlo hablar, hacía ver simple escalar semejante montaña. Pero en su relato deja entrever, que simple y fácil son dos cosas, totalmente diferentes.

Sus palabras en un momento determinado, sonaban como eco en mis oídos, pareciera haberse metido en un túnel distante donde apenas se alcanzan a distinguir las voces, yo entre tanto, comprendía lo fascinante que resulta la idea de simple y fácil.

Es simple querer conquistar el Everest. Arriba se ve el pico si las condiciones lo permiten. Listo, ahora habría que tratar de llegar hasta allá. La idea es muy simple, pero llevarla a la práctica es realmente compleja. No es fácil. Si fuera fácil, todo el mundo la habría subido, habrían escalado el Everest.

En la vida también hay Everest que parecen imposibles de alcanzar. Son situaciones que como esa majestuosa montaña, se van transformando en desafíos difíciles que lucen imposibles de sortear.

Recuperar una relación deteriorada con la pareja, con un hijo, mejorar la percepción que tenemos de nosotros mismos, retomar objetivos que abandonamos por considerarlos imposibles, entre otras, son como escalar el monte Everest. Pero a veces y lo peor, es que nos dejamos deslumbrar por el tamaño del desafío, que abandonamos cualquier empeño, antes de comenzar.

Me sorprendió su respuesta cuando le pregunté cuál era el mayor reto a sortear al escalar el Everest. Claro que habló de las condiciones atmosféricas, el terreno, el frío, la nieve y un montón de cosas más, pero lo que más me llamó la atención fue cuando me comentó que la falta de preparación, de organización, de planeación, y la falta de una fuerte estructura mental para no darse por vencido, es lo que derrota a muchos escaladores.

“Lo más difícil no es la cima que está allá arriba, lo más complejo es la persona que va a dar el siguiente paso, que hace que sea tan complejo dar ese paso”

El aroma a café no tardó en inundar el salón, y pudimos gracias a las atenciones del hotel degustar esa caliente y deliciosa bebida. Hablábamos y sonreíamos. El clima era cordial, amistoso, y sus palabras flotaban en el recinto con fuerte resonancia en mi mente. “es la persona que va a dar el siguiente paso, la que hace que sea tan complejo dar ese paso” Yo quería volver a mi habitación del hotel, abrazar a mi esposa, y rescatar una vida que me estaba resultando huidiza.

Sabía que hay retos que son encomiables, admirables, heroicos, pero también comprendí que el mayor desafío era vencerme a mí mismo, vencer esos hábitos negativos, que estaban llevando mi vida, hacia un callejón sin salida. Era mi momento. Luego de despedirme de mi amable entrevistado, corrí por medio de los pasadizos, atestados de habitaciones a lado y lado a hablar con ella, con mi esposa, a reencontrarme con mi vida, a escalar mi propio Everest teniendo claras mis prioridades, comprendiendo que los objetivos imposibles, se pueden volver metas realizables si sé qué es lo que quiero, y acto seguido, debo asumir con valentía el paso siguiente por dar, y luego asumir el que viene, y después el próximo. No son la cantidad de pasos por dar. Es el primer paso, el que es clave. Y más tarde el segundo paso, y así, hasta llegar a la cima.

Era curioso. Experimentaba una emoción que hacía tiempo no sentía. La tarjeta de la habitación para abrir la puerta me parecía inalcanzable dentro de un bolsillo que parecía de una profundidad sin fondo. Me sabía responsable de lo que ahora sabía, podía realizar.

Al ingresar a la habitación la vi. Ella, mi esposa estaba sentada leyendo, y cuando me vio, sonrió, y luego me dijo: hola. Eso bastó para mí, para comenzar mi nueva vida.

Autor:
Héctor Leonardo Mora Santiago
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Libro: El Principio de la Doble Creación: Lo que piensas es lo que Obtienes
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Los nombres de los personajes que aparecen en esta historia son solo producto de la imaginación del autor, y no corresponden a nadie en la realidad. Cualquier parecido es pura coincidencia

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