Quien negocia consigo mismo, ¡PIERDE!

Quien negocia consigo mismo, ¡PIERDE!

¿Cómo es eso posible?

Muchas de las acciones, hábitos productivos que se pueden desarrollar, o nunca se han desarrollado, o peor, hemos dejado de practicarlos, terminó sucediendo en muchas ocasiones porque negociamos con nosotros mismos, cediendo a los caprichos del momento, preferimos la satisfacción del ahora, a postergarla por una satisfacción mayor, PERO futura.

Nosotros mismos creamos el obstáculo, y luego, tropezamos con él

Es usual que cuando tenemos compromisos con los demás, que nos esforcemos no solo por cumplir, sino que además, tratemos de ir más allá. Queremos superar las expectativas, queremos quedar bien, congraciarnos con excelentes resultados.

También de hecho nos halaga cuando se nos reconoce el esfuerzo y por lo mismo, nos molesta quedar mal. Nos esforzamos por quedar bien con los demás, haciendo las cosas del mejor modo posible.

En la vida afectiva sucede otro tanto. Queremos halagar, quedar bien, lograr un buen nombre, puesto que queremos conquistar el amor de la persona a quien pretendemos. Por eso procuramos lucir elegantes, educados, autodeterminados, hacemos gala de dominio propio, y demás.

El problema, negociamos con nosotros mismos.

Es curioso que las medidas que usamos para lograr quedar bien con los demás, no sea el mismo racero que usemos para medirnos a nosotros mismos.

Me refiero a que hacemos compromisos con nosotros, y no los cumplimos. Pasamos por alto a la persona que bien haría en tener una importancia cumbre, una importancia prima, es decir a nosotros mismos.

A la hora de pagar deudas, nos apresuramos en cumplir. En caso eventual de tener alguna dificultad, corremos a hacer algún acuerdo de pago. No solo es no quedar mal, tampoco queremos los problemas que esto puede generar.

Pero cuando se trata de pagarnos a nosotros mismos, ahorrando una pequeña parte de nuestros ingresos, allí sí, NO SE PUEDE. Pero fuera a una entidad bancaria, se hace lo necesario por cumplir.

En el momento de cumplir con una cita con un cliente, con el médico, una cita de trabajo, o afectiva, nos esforzamos por no solo ser puntuales, estar bien presentados, sino que invertimos energía por hacerlo del mejor modo posible.

Aún así, cuando se trata de citas con nosotros mismos, como hacer deporte, mejorar nuestra nutrición, comenzar a estudiar un nuevo idioma, leer un libro o cualquier cosa que contribuya con nuestro desarrollo personal, nos hacemos los de la vista gorda, y simplemente aplazamos, y aplazamos, y aplazamos una vez más.

Somos endebles, no somos firmes

El problema es que negociamos con nosotros mismos, le damos prelación a los impulsos, a las inclinaciones veleidosas, nos gana la ligereza, la inconstancia, la pobre voluntad. En últimas, el poco o nulo respeto por nosotros mismos, nos lleva a tratarnos con indiferencia.

Nuestra capacidad de subordinar, someter nuestros impulsos a objetivos de orden superior, o por decirlo de otro modo, a esos objetivos que son muy importantes para ti, termina haciendo la diferencia entre las personas que seguramente terminarán logrando propósitos de la mayoría.

Nunca pierdas el respeto por ti mismo

Decía Baltazar Gracián:

“Nunca pierdas el respeto por ti mismo ni te muestres demasiado relajado cuando estés a solas. Haz que tu integridad sea tu propio estándar de rectitud, y depende más de la severidad de tu propio juicio sobre tu persona que de todos los preceptos externos. Desiste de toda conducta veleidosa, más por respeto a tu propia virtud que a las percepciones de cualquier autoridad externa”

¡Me encanta esta reflexión!

Qué pasa cuando negocias contigo mismo

Las personas que abandonan su actividad regular deportiva (salvo por casos excepcionales de salud) lo hicieron porque hubo una vez que negociaron consigo mismos, porque fueron débiles, permitieron que los impulsos del momento los gobernaran.

“Hoy no me levanto, mañana sí voy” Y de eso, ya hace años, no volvieron a levantarse temprano para su actividad deportiva. (Adapta la frase para cualquier situación)

Aplica este mismo ejemplo para las parejas, en el trabajo, para las metas personales y verás cuántas historias se quedaron a medias porque hubo una vez que te diste permiso de hacer algo que generó la cadena que hoy te tiene donde estás.

¿Qué hacer?, ¡NO NOGOCIES!

Decidiste levantarte más temprano, ¿y ya sonó la alarma?, Levántate, nada de cinco minutos más.

Cada vez que notes que te esfuerzas más por los demás, piensa cuándo fue la última vez que por ejemplo, te pusiste una cita con tu compañer@ sentimental y no la cumpliste, y de eso ya hace mucho. Piensa que es el momento de definir otra cita, y esta vez SÍ, ¡CÚMPLELA! Nada de negociar con pretextos por serios que parezcan, que te inviten a aplazar una vez más.

Así sea muy poco, pero ahorra, comienza YA

No postergues. La postergación es uno de los enemigos más poderosos de la productividad personal y empresarial ni se diga. Los miedos al enfrentarlos desaparecen. Emprende YA. No seas esquivo con las oportunidades que se te presentan. Deja de estar languideciendo en excusas que solo te crees tú, y comienza YA.

Los miedos al enfrentarlos desaparecen www.hectormora.com Clic para tuitear

Opta por esta idea como filosofía de vida personal: “Si le das el 100% a los demás, date a ti mismo el 1000%”

Aprovecha la cotidianidad. La cotidianidad, la vida diaria es el gimnasio donde se entrenan los grandes personajes. No esperes a que llegue un gran momento para estar a la altura. Se está a la altura cuando te entrenas para ello.

¿Y dónde te puede entrenar?

Hector leonardo Mora

En la vida diaria. En el diario vivir encontrarás cantidades de momentos, unos días más que otros, pero siempre los hay, para entrenar tu voluntad. A la hora de levantarse, a la hora de comer, a la hora de tratar con la pareja, con los hijos, cuando te obligas a vivir de acuerdo a la mente y no a los impulsos, cuando te gobiernas, cuando por el cansancio comienzas a sentir que tu nivel de tolerancia baja a cero, todos estos entre tantos más, son claves para entrenarte y formar un carácter de excelencia.

No esperes a que llegue un gran momento para estar a la altura. Se está a la altura cuando te entrenas para ello Clic para tuitear

El mensaje es claro, NO NEGOCIES CONTIGO MISMO

Autor:
Héctor Leonardo Mora Santiago
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Libro: El Principio de la Doble Creación: Lo que piensas es lo que Obtienes
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Héctor Leonardo Mora
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Quien negocia consigo mismo, ¡PIERDE!
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