¿Conoces a alguien que haya dicho que va a hacer dieta, que haya decidido por fin ahorrar, hacer deporte, leer un libro, y al final no lo hizo, y postergando para después, no cumplió?, ¿quizás tú? Te en cuenta que nuestros hábitos improductivos nos traicionan, nos afectan en los personal, en lo afectivo, en las relaciones de pareja, en nuestro trabajo.

Hola. Esta es una de las experiencias más curiosas, pero también, de las más limitantes que impiden el desarrollo humano. Queremos hacer cosas, emprender acciones que sabemos si las hacemos, nos proveerían un futuro mejor, que indudablemente mejorarían nuestra calidad de vida, seguramente nuestra salud, nuestra vida personal, nuestras relaciones, nuestra vida productiva, y no obstante, en muchísimos casos, no lo hacemos. Nos quedamos parados antes de la línea de salida. Una especie de lucha interna que nos invita a seguir como estamos, en lugar de dar ese paso, en favor de un compromiso que nos hemos hecho a nosotros mismos. Ni siquiera lo hemos intentado, y ya nos hemos fallado. Los hábitos han vuelto a triunfar.

Quien negocia consigo mismo, ¡PIERDE! Los malos hábitos, traicionan

NegociarConsigoMismoDe eso trata este artículo, de esas luchas internas donde en muchas ocasiones, terminamos cediendo ante nuestros viejos hábitos, ante nuestros caprichos, y cómo superar esa conducta.

Esas voces ambivalentes provenientes de nuestros pensamientos, que nos sugieren por un lado lo bueno que sería si tomáramos iniciativa frente a algunos propósitos que seguramente nos darían amplios beneficios, pero por otro, también hay pensamientos que nos disuaden de intentarlo. Curioso. Pensamientos que dicen que es el momento de cumplir el compromiso que asumimos con nosotros mismos (la dieta, el deporte, la lectura, mejorar una relación, en fin), ese pensamiento es la voz racional, es la voz lógica que nos recuerda las promesas hechas, la que sopesa, la que determina los pro y los contra. Sin embargo cuando aparece la prueba, los hábitos entran en acción, aparece “la otra voz”, esa que te disuade, que te invita a aplazar, a dejar para después, para más tarde, mañana, quizás la próxima semana, o el año que viene…

Así entonces y muchas veces sin advertirlo, no hacemos la dieta que dijimos, no iniciamos la rutina deportiva que nos comprometimos a hacer, recordamos que íbamos a dejar el licor con un trago en la mano, al primer desafío, volvemos a debilitar la relación con nuestras impertinencias, esas que supuestamente habíamos dicho, íbamos a superar. Apagamos la alarma para seguir durmiendo “5 minutos más”, y cuando lo notamos, ya llevamos semanas diciendo lo mismo, sin cumplir con el propósito de levantarnos más temprano.

Atrás, en nuestra historia, van quedando rezagados el libro que dijimos íbamos a escribir, la empresa que íbamos a iniciar, el curso de idiomas que jamás se desempolvó, y los recipientes vacíos donde se suponía, íbamos a ir ahorrando  y una cantidad de proyectos más que nunca se iniciaron y otros que habitan en nuestro pasado, que tienen la enorme marca de inconclusos. Como esa máquina de hacer deportes “todo en uno”, que nos costó una cantidad importante y que sólo se usa, sólo para colgar bolsos, ropa y otras cosas más, menos para hacer deporte.

Muchos siguen condenados a relaciones enfermas, trabajos que no quieren para ellos y a pesar de decir que van a hacer algo al respecto, se quedan instalados en el “algún día lo haré”, pero nunca lo hacen, se mienten, se engañan, se justifican y siguen atrapados de algún modo, sin poderse liberar.

Los viejos hábitos no los vas a poder sacar así nada más. Las buenas intenciones son eso, sólo intenciones, y en nada representan que realmente vayas a hacer eso que dijiste, ibas a hacer. Ten presente que La decisión de actuar, no es la acción misma.

Entonces, ¿por qué las personas siguen diciendo “ahora sí lo voy a hacer”?

Ya van por la dieta número 37, inician otra vez un ahorro que van a sabotear apenas aparezca algún afán económico, darán al traste una relación que se supone iban a mejorar y ahora otra vez, la han llevado a ese ambiente tóxico que tanto daña las relaciones. No hacen deporte, no leen, el libro les pesa mucho, y siempre hay una excusa que en las mentes autosaboteadoras, suena realmente justificable.

Y acá va un argumento clave: Que tenga explicación, no quiere decir que se justificable.

¿Qué es lo que pasa en nuestra cabeza, con esas “voces” que suelen traicionarnos?

Sigamos con las metáforas. Tú, con tu mente lógica, racional sabes que debes hacer algo, o que necesitas hacerlo, hay algo que deseas realizar, y ese deseo hasta te domina. Lo figuras en tu mente imaginándolo. Es decir, defines una meta de forma gráfica, hasta te vez en posesión de ella. Así que decides tomar acción. No se te olvide lo que te comenté líneas atrás: La decisión de actuar, no es la acción misma.

Comienzas la dieta, cambias tu conducta con tus hijos y pasas a modo de “Mamá/Papá más comprensivo y tolerante”, pones el reloj dos horas antes para madrugar y hacer deporte, le dices a tu pareja que esta noche no vas a ver televisión y que mejor vas a estudiar. Estás exultante de emoción, ves que las cosas van a mejorar. Te sientes motivado.

Recuerda no obstante que los viejos hábitos no son fáciles de erradicar de nuestras vidas. Profundamente enraizados, se han mezclado en nuestro modo de comportarnos de tal forma, que nos definen.  A cierta altura de comenzar los cambios experimentarás resistencias que pondrán a prueba la seriedad de tus propósitos. Y acá sucede lo interesante.

Cuando te levantas temprano, sobre todo cuando llevas haciéndolo varios días y a la par estás haciendo deporte a esa nueva hora de la mañana en que madrugas, el cansancio, el dolor muscular hacen una presencia cada vez más protagónica. Caminar, sentarse, operaciones tan sencillas como peinarse se vuelven un reto, un desafío. El dolor en los músculos está en cada uno de tus movimientos. Y acá es donde aparecen esos pensamientos que pueden persuadirte de persistir en tus intentos deportivos.

Al sonar tu alarma nuevamente muy temprano, ya sientes la pesadez, el cansancio y los dolores musculares, entonces piensas: “mejor hoy descanso y mañana retomo. Es mejor. No debo exigir tanto mi cuerpo. Además el cuerpo necesita recuperación” Y entonces te das media vuelta, y vuelves a dormir.

Le hiciste juego a tus pensamientos. Pensaste, pero pensaste desde tu nueva realidad física que apenas, se está acondicionando para adaptarse a la nueva realidad que estás creando. Esa es la otra vocecita que te sugiere el “no lo hagas, quédate durmiendo, después vas, otro día será”

Las personas rara vez cuestionan lo que piensan. Asumen que sus pensamientos son y punto. Y por lo mismo y tanto, su pensamiento se constituye en la base fundamental sobre la que rigen su conducta.

Permíteme otro ejemplo donde fácilmente “perdemos la cabeza”.

Has tenido un día de esos. Mucho trabajo en la oficina, un tráfico pesado, te sientes extenuado y anhelas llegar a casa para descansar. Pero al llegar, te encuentras con que uno de tus hijos tuvo dificultades en el colegio, el otro no hace sino lo que hacen los niños, jugar, saltar, pedirte a tirones que juegues con él, tu esposa te advierte de algún compromiso económico próximo a vencerse y tú por más que trabajas sientes que nunca alcanzas a cubrir las necesidades de tu casa, entonces estallas. Comienzas a gritar, dando regaños a diestra y siniestra. Y luego te vuelves egocéntrico, te pones en el centro del mundo en una posición lastimera. Dices cosas como que tú trabajas muy duro, que te esfuerzas a diario, que necesitas consideración, que estás cansado. Tu esposa te pide que te calmes, pero le dices que no, que no tienes por qué hacerlo dadas esas circunstancias, es más, le recriminas sugiriéndole irresponsabilidad al pretender que se tranquilice.

Entonces vuelves a gritar, “¡Cómo quieres que me calme!”

Ese grito en ese momento para ti, está justificado, es decir, no hay nada dentro tuyo que te lo impida, muy por el contrario, quieres hacerlo. Y aunque piensas, no razonas, piensas desde la emoción que te embarga. Nuevamente, te estás saboteando. Al otro día probablemente ya más “en frío”, piensas, te lamentas de tu conducta anterior, y más aún, te reprochas porque días atrás te habías comprometido contigo mismo y con tu pareja que ibas a tener un comportamiento de padre ejemplar.

El que negocia consigo mismo, pierde.

Si piensas que un solo trago de licor no te afectará, que ese trago no tiene por qué afectar tu compromiso de no volver a beber, y aunque exista esa “voz interior” que te recuerda ese compromiso, es muy probable que termines tomándote esa copa.

Son muchas las ocasiones en que las personas desplazan un compromiso con su lectura, con su estudio cuando se enteran que están dando su programa de TV preferido, o cuando saben que van a pasar por TV un certamen deportivo que les atrae profundamente. Así, simplemente terminan diciendo, “veo el partido, y después estudio”. El problema es que son conductas de este tipo, de esas de “una vez al año no hace daño” las que precisamente hacen mucho daño.

Al volvernos complacientes con nosotros mismos, terminamos cediendo a nuestros propios caprichos, fallando una y otra vez.

Nuestra mente funciona como factor causal de nuestra conducta, y por ende, es determinante en los resultados que obtenemos. Fíjate lo que nos dice Muhammad Yunus premio nobel de la paz:

“Resulta muy difícil aceptar la realidad tal cual es cuando nuestra mente, que tiene su modo de pensar, no la acepta; y cambiar la predisposición mental es ciertamente difícil. Cuando queremos hacer algo diferente, nuestra predisposición mental arremete contra nosotros inmediatamente y nos bloquea”

Si negocias contigo mismo entre un compromiso que te hiciste, y la alternativa que es permanecer en el hábito que quieres superar, pierdes. No negocies.

¿Qué debemos hacer?

Nuestro modo de pensar como cualquier otro hábito, se puede mejorar, trascender, pero requiere de trabajo. Llevamos prácticamente toda nuestra vida pensando del modo que lo hacemos, y eso influencia nuestra conducta de forma protagónica. Así que te dejo esta primera idea, que a manera de semilla, pueda germinar y darte la fortuna de una conducta más efectiva.

Hay que aprender a Pensar Pensamientos

En mi libro El Principio de la doble creación: Lo que piensas es lo que obtienes dedico un capítulo donde explico ampliamente esta idea. Para averiguar más sobre mi libro haz clic acá

Quiero compartirte lo siguiente. Es de vital importancia que aprendas a pensar sobre lo que piensas. Por decirlo de otro modo, a que seas crítico no sólo de las ideas ajenas, sino también de las propias, que comprendas que no porque una idea surja de tu mente, eso significa que sea la verdad absoluta. Aprende a tomar distancia de tus propios pensamientos, para que veas a dónde te pueden llevar.

Táctica para “Pensar Pensamientos”

Debes aprender antes de tomar una decisión influenciada por un pensamiento que resulta dominante, a pensar sobre lo que estás pensando, y a analizar esos pensamientos en función de los propósitos que deseas lograr y los compromisos que hiciste para alcanzarlos. Esto es clave.

Debes ser capaz de apenas detectes un pensamiento que te invita a negociar entre una prioridad, y seguir con aquella conducta que deseas superar, trascender, a tomar distancia, para no dejarte llevar, y arrepentirte después. ¿Cómo hacerlo?

Sigue los siguientes pasos. En esos momentos claves de decisión trabaja con las estas indicaciones:

  1. ¿Qué estoy pensando ahora?
    1. ¿Qué me está sugiriendo ese pensamiento?
    2. ¿Qué estoy sintiendo? (Ten presente que ese sentir es producto de los pensamientos que son rectores en ese momento)
    3. ¿Qué pensamientos provocan ese sentir? (Estos pensamientos si negocias con ellos, son lo que terminan haciendo que te sabotees)

Ahora pregúntate

¿Qué debería hacer ahora? (En este momento estás valorando tu sentir, que provoca pensamientos saboteadores, y te obliga a pensar en función de lo que es más importante para ti)

  • Puedes preguntarte también ¿Cómo me sentiré más tarde cuando note que no cumplí con mis propósitos?
  • Que pensaré de mí, cuando me dé cuenta que me dejé llevar por pensamientos caprichosos y no cumplí con mis propósitos
  1. ¿Qué estoy haciendo ahora que me impide actuar en función de lograr lo que quiero? (Identifica qué es lo que lo está deteniendo. Describe, insisto, DESCRIBE los pensamientos, tu sentir para que visibilices lo que te está deteniendo)

Lo que estamos tratando de lograr con esta parte del ejercicio es disociar y distanciarte de tus pensamientos, para valorarlos pensando críticamente sobre ellos. Es decir, Pensar Pensamientos. Es darle prevalencia al pensamiento lógico, para que sopeses tu actitud.

  1. ¿Qué deberías hacer ahora? En este punto, ya debes tener claro esos dos puntos de vista que están en ti. Viene la parte difícil. TOMA ACCIÓN DESDE EL PUNTO DE VISTA LÓGICO.

Ahora bien, debes tener el suficiente valor, coraje para darte cuenta en ese momento lo que está sucediendo, los caprichos tratando de imponerse, los viejos hábitos que están taimando tu conducta, y elegir lo que en los propósitos se supone tienes claros, y actuar conforme a ellos.

Por supuesto que el sueño seguirá allí, el cansancio aún estará allí,  el dolor muscular te recordará su existencia en cada movimiento que hagas, las deudas serán un punto que presionará para que uses los recursos que tienes gracias a tu reciente ahorro, pero si haces este ejercicio y decides en función de lo que es más importante para ti, y no en función de tus emociones del momento, y actúas en consecuencia, con valor e integridad, darás ese primer paso, lanzándote a la acción.

Contar hasta tres apenas suena la alarma por ejemplo, parece una fórmula. Pero el saboteador que llevas dentro, te podrá hacer contar hasta 20, 50, hasta que vuelvas a dormirte. Debes tener carácter, y actuar en consecuencia.

¿Cómo aplicar la “Táctica para Pensar Pensamientos” para mejorar tu relación de pareja, a tu trabajo, a tu negocio y mejorar tus ingresos?

En la próxima entrega de este artículo, te enterarás de estas estrategias, y mucho más.

¡No leemos en el próximo artículo!

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Autor:
Héctor Leonardo Mora Santiago
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Libro: El Principio de la Doble Creación: Lo que piensas es lo que Obtienes
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